Durante décadas, la investigación sobre el trauma se centró principalmente en las experiencias vividas por el individuo. Sin embargo, en los últimos treinta años distintas disciplinas entre ellas la neurociencia, la psicología del desarrollo, la biología molecular y la epigenética, han comenzado a ampliar esta perspectiva, planteando una pregunta de enorme relevancia clínica: ¿hasta qué punto las experiencias de una generación pueden influir en las siguientes?
Aunque todavía existen importantes cuestiones abiertas, la evidencia científica sugiere que determinadas experiencias de estrés intenso o prolongado pueden dejar huellas biológicas y relacionales que trascienden a quienes las vivieron directamente. Paralelamente, la investigación sobre resiliencia y neuroplasticidad muestra que el organismo mantiene una extraordinaria capacidad de reorganización a lo largo de toda la vida. Esta doble perspectiva, la transmisión del trauma y la posibilidad de transformación, resulta especialmente relevante para quienes trabajamos acompañando procesos terapéuticos.
¿Qué entendemos por epigenética?
La epigenética estudia los mecanismos que regulan la expresión de los genes sin modificar la secuencia del ADN. Estos mecanismos permiten que factores ambientales como el estrés, la nutrición, las relaciones tempranas, el cuidado parental o la exposición a experiencias traumáticas influyan sobre el funcionamiento del organismo.
Desde los trabajos pioneros de Meaney y Szyf sobre el cuidado materno en modelos animales, hasta las investigaciones de Rachel Yehuda sobre descendientes de supervivientes del Holocausto, se ha acumulado evidencia que sugiere que determinadas experiencias pueden asociarse a modificaciones epigenéticas relacionadas con la regulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, implicado en la respuesta al estrés. No obstante, es importante subrayar que la transmisión epigenética en humanos constituye todavía un campo en desarrollo. Los resultados actuales son prometedores, pero deben interpretarse con cautela, evitando explicaciones simplistas o deterministas. La epigenética no implica que heredemos recuerdos o acontecimientos concretos. Más bien sugiere que determinadas condiciones biológicas pueden influir en la forma en que el organismo responde al entorno.
Te resultan familiares estas frases que habitualmente me voisitan en consulta? «Mi abuela nunca volvió a ser la misma después de la guerra. Mi madre creció con una madre profundamente deprimida y ahora yo siento que llevo un peso que no sé explicar»; «En mi familia siempre hemos vivido con miedo. Nadie sabe muy bien por qué, pero todos reaccionamos igual.»… son muchos de los ejemplos que traen los clientes a la consulta.
Más allá de la biología: la transmisión relacional
La transmisión intergeneracional del trauma no puede explicarse únicamente desde la biología.
Las experiencias familiares también se transmiten mediante los estilos de apego, las formas de regulación emocional, los modelos de relación, los silencios familiares, las narrativas compartidas, las expectativas y los patrones de interacción.
John Bowlby ya señalaba que los modelos internos de funcionamiento se construyen en la relación con las figuras de apego y organizan posteriormente la manera en que interpretamos el mundo y respondemos a él.
Autores como Daniel Siegel, Allan Schore o Bessel van der Kolk han ampliado esta comprensión mostrando cómo las experiencias tempranas moldean el desarrollo del sistema nervioso y la capacidad de regulación emocional.
Desde esta perspectiva, la transmisión intergeneracional constituye un fenómeno complejo donde convergen procesos biológicos, psicológicos, familiares, sociales y culturales.
El trauma como adaptación
Uno de los cambios conceptuales más relevantes en las últimas décadas ha consistido en abandonar una visión centrada exclusivamente en la patología para comprender el trauma como un proceso adaptativo.
Muchas respuestas que observamos en consulta —hipervigilancia, evitación, necesidad de control, complacencia excesiva o desconexión emocional— pueden entenderse como estrategias de supervivencia desarrolladas en contextos donde resultaban funcionales.
El problema aparece cuando estas respuestas permanecen activas mucho tiempo después de haber desaparecido las circunstancias que las originaron.
Desde esta perspectiva, el síntoma deja de interpretarse como un defecto individual para convertirse en una expresión coherente de la historia vivida por el organismo.
¿Heredamos únicamente el sufrimiento?
El interés creciente por el trauma intergeneracional ha centrado gran parte de la atención en las consecuencias del dolor transmitido entre generaciones. Sin embargo, esta visión resulta incompleta.
Si aceptamos que las experiencias dejan huella, también debemos considerar que las experiencias de protección, cooperación, cuidado y resiliencia forman parte del legado familiar.
Las familias transmiten valores, capacidades de adaptación, formas de afrontar la adversidad, sentido del humor, creatividad, espiritualidad, vínculos de apoyo y estrategias de resolución de problemas.
Desde la psicología positiva y la investigación sobre resiliencia sabemos que las personas no solo desarrollan vulnerabilidades tras experiencias adversas, sino también competencias adaptativas que favorecen el crecimiento posterior.
Esta mirada permite ampliar el foco terapéutico: junto a la exploración de las heridas resulta igualmente relevante identificar los recursos que han permitido a un sistema familiar sobrevivir y desarrollarse a lo largo de generaciones.
Hakomi y la transformación de la memoria implícita
El método Hakomi, desarrollado por Ron Kurtz, ofrece un marco especialmente interesante para integrar muchos de estos conocimientos.
Basado en mindfulness, teoría del apego, psicoterapia corporal y principios de la neurociencia interpersonal, Hakomi entiende que gran parte de la organización psicológica opera de forma implícita, expresándose a través del cuerpo, la postura, la emoción y la relación.
En este contexto, el cambio terapéutico no depende exclusivamente de la comprensión cognitiva.
La investigación sobre memoria implícita y neuroplasticidad indica que el sistema nervioso necesita vivir experiencias nuevas de seguridad, regulación y conexión para reorganizar patrones profundamente establecidos.
Hakomi denomina a este proceso experiencia faltante (missing experience): una experiencia relacional que el organismo necesitó para su desarrollo y que, al ser vivida en un contexto seguro, permite ampliar las posibilidades adaptativas del individuo.
No se trata de borrar el pasado, sino de ofrecer nuevas experiencias que modifiquen la manera en que el organismo interpreta y responde al presente.
Una invitación a seguir investigando desde la experiencia
El diálogo entre epigenética, psicología del trauma y psicoterapia corporal representa uno de los campos más estimulantes de la investigación actual. Todavía quedan numerosas preguntas por responder, pero la evidencia disponible apunta hacia una comprensión cada vez más integradora del ser humano, donde biología, historia personal, relaciones y contexto social interactúan de forma dinámica. Por lo tanto, explorar estos procesos requiere combinar rigor científico con experiencia clínica.
Con este propósito, el retiro «Sanando Heridas Ancestrales», dirigido por Bettina Deuster y Caroline Braham, propone un espacio de formación y práctica experiencial desde el método Hakomi para profundizar en la comprensión del trauma, la transmisión intergeneracional y las posibilidades de transformación que emergen cuando el organismo encuentra condiciones de seguridad, presencia y apoyo. como siempre, más allá de comprender intelectualmente estos procesos, el objetivo es investigar cómo las nuevas experiencias relacionales pueden convertirse en un elemento central de la reparación y el desarrollo humano.
Referencias recomendadas
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Bowlby, J. (1988). A Secure Base.
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Meaney, M. J. (2001). Maternal care, gene expression, and the transmission of individual differences in stress reactivity.
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Szyf, M., & Meaney, M. J. (2005). Environmental programming of stress responses through DNA methylation.
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Yehuda, R., & Lehrner, A. (2018). Intergenerational transmission of trauma effects.
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van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score.
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Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind.
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Schore, A. N. (2019). Right Brain Psychotherapy.
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Kurtz, R. (1990). Body-Centered Psychotherapy: The Hakomi Method.
